sábado, 25 de julio de 2015

Colliure

2 de Noviembre de 2013. Colliure, sur de Francia.

Para todos aquellos que no conozcan ese pueblecito, decirles que está en la costa mediterránea francesa. Es pequeño, turístico, precioso y a quince minutos en coche desde la frontera española de Port Bou.

      Justo en el centro del pueblo, tras los dos pequeños y coloridos edificios que obliga a la carretera a rodearlos para proseguir su Camino al norte está el pequeño cementerio, dedicado según una placa en la entrada a los Caídos por Francia.

     Nada más entrar, en el espacio central y más destacado, una tumba siempre con flores frescas, de una sencillez como siempre fue la forma de vida de quien allí reposa, tal parece como sí nos acogiera y nos brindara una serenidad imperecedera.

     Dos cuerpos españoles quedaron allí con tres días de diferencia: el hijo y su madre para quién, seguramente, la vida había perdido su sentido.

     Un cementerio donde se habla en el español de todos los idiomas de este gran país, donde gentes de todos los rincones de España, con respeto y lágrimas en los ojos, rinden su homenaje a un gran español al que se le acabó la vida nada más tener que dejar su tierra.

     No fueron los únicos que sucumbieron a un exilio obligado, fueron muchísimos más. Y no solamente quedó un reguero de sangre española en Francia, también en Inglaterra, Méjico, Argentina, Marruecos, Estados Unidos, Rusia......, sin olvidar a todos aquellos que aún hoy (¿estamos en 2013, siglo XXI?) se preguntan por qué siguen bajo el anónimo barro de cualquier cuneta o junto al muro donde fueron ajusticiados.

     Colliure, Don Antonio Machado y una España que no pudo ser. Una España que no dejaron ser.


(Postdata: este breve homenaje fue escrito a mediados de 2013 aún con un nudo en la garganta y una pregunta para la que no encuentro respuesta: ¿Por qué aún hoy no están sus restos en España para ser venerados en un panteón de hombres ilustres?)



Garganta de los Montes (Madrid), 25 de Julio de 2015


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